07 Abril 2017

Entrar donde Él entró… Para renacer con Él

Seguimos los pasos de Cristo en los días de su Pasión: Desde la gruta de la traición al jardín sagrado, pasando por la roca donde Jesús se entrega a sí mismo al Padre.

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Estamos en Getsemaní en la gruta de Getsemaní, llamada también gruta de los apóstoles, gruta de la traición. Es el molino de aceite que deriva del arameo, hebreo, “gad shemanim”. Aquí Jesús viene a menudo… Aquí era normal que viniera.

Visitar estos lugares para nosotros es un poco como entrar de puntillas en estos lugares y en esta roca impregnada de tantas oraciones y de tantas visitas, de tantísimos peregrinos, desde hace más de 2.000 años.

Deberíamos, de alguna manera, ser como Moisés, deberíamos quitarnos las sandalias y entrar descalzos en este lugar porque los Evangelios explican que este es el lugar donde el Señor solía venir… (Lc 21,37)

Y por tanto este es el lugar donde Jesús vive su hora. Este es el lugar donde Jesús vive su familiaridad, este es el lugar donde Jesús duerme, reposa, vive la informalidad de su vida, pero sobre todo este es el lugar donde él vive Su Pasión.

Y de la gruta se llega aquí, a pocos pasos, a este jardín…

Y el Evangelista explica cómo Jesús cogió a Pedro, Santiago y Juan y los trajo aquí, a este jardín, entre estos olivos. De alguna manera deberemos ponernos a la escucha de estos seres vivos que testimonian todavía la petición que los apóstoles oyeron: “Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt 26,38).

Y aquí sucede algo extraño: Jesús se acerca a los Apóstoles y se transfigura. El Maestro, aquel que curó al ciego de nacimiento; el Maestro que resucitó a Lázaro… ahora sufre, siente angustia, está triste… Y todos ellos lo notan. Y se muestra casi necesitado de cercanía.

Es el tiempo de la prueba, es el tiempo de la tentación, es el tiempo en el que, dice el evangelista, era de noche (Jn 13,30).

Y es precisamente aquí, en este jardín en el que Jesús va y viene, que se aleja de los apóstoles, dice el evangelista “a un tiro de piedra” (Lc 22,41), y les pide que estén con Él en oración. Explica que parece sentir dentro de sí la debilidad de ser hombre hasta el fondo, afirmando que la carne es débil y el espíritu está preparado… Rezad para no caer en tentación (Lc 22,46).

Y por dos veces viene y va, y vuelve una tercera. A la tercera, en un silencio respetuoso, encuentra a los suyos que duermen (Mt 26 43-44).

Les deja y se aleja para rezar… Un movimiento que todavía hoy conmueve y nos explica la acción de Jesús en esa oración afectuosa con el Padre.

Y en el jardín nos encontramos, no muy lejos, a un tiro de piedra, aquí para acoger esta roca. Precisamente esta roca nos explica la venida aquí de Jesús, y explica su estar aquí que reza al Padre… Y es una oració intensa… Aquí los evangelistas explican que Jesús entra en lucha hasta tal punto que el sudor se convierte en gotas de sangre que caen al suelo. Así, aquí Jesús entrega todo su ser al Padre: “Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya” y se entrega todo a la humanidad (Lc 22, 41-42).

Así, Getsemaní es el memorial de la Pasión del Señor, es el lugar en el que Jesús vive su entrega, es el lugar en el que se ofrece y sufre, amando.

Y es aquí que la liturgia expresa solemnemente todo lo que sucedió. El diácono, en el canto de la pasión, cuando explica el sudor de sangre por parte del Señor, se detiene, toma el Evangelio, lo deposita sobre esta roca y besa la roca, para después continuar cantando.

En este lugar en el que el Señor se ofreció a sí mismo; en este lugar en el que su oración se convirtió en Pasión; en este lugar en el que Él hizo abandono de sí mismo, se dio a sí mismo y se ofreció… ¿Por qué necesitamos besarlo? Porque él besó de una vez por todas nuestra humanidad…