16 Marzo 2017

El amor no es amado

La primera peregrinación cuaresmal, dirigida por los frailes de la Custodia, reunió a varios fieles en el Monte de los Olivos, en el Dominus Flevit, el lugar donde Jesús lloró sobre Jerusalén.

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Durante la Cuaresma, como preparación a la Semana Santa, los Franciscanos de la Custodia animan las peregrinaciones semanales en los santuarios vinculados a la Pasión de Jesús.

Una tradición que se remonta a finales del siglo XIX. El primer encuentro tuvo lugar el miércoles 15 de marzo en el Monte de los Olivos, en la Iglesia del Dominus Flevit, lugar desde el que se admira la Ciudad Santa en todo su esplendor y en el que se hace memoria del llanto de Jesús sobre ella.

«En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén, mirando la ciudad lloró por ella, diciendo: ‘Si también tú comprendieras, en este día, a aquel que te trae la paz!’».

Peregrinos y cristianos locales participaron en la celebración eucarística, precedida de las vísperas solemnes. La misa fue presidida por Fray Stéphane Milovitch, responsable de la Oficina de Bienes Culturales de la Custodia de Tierra Santa, con una decena de concelebrantes. La primera meditación de la peregrinación cuaresmal fue dirigida por Fray Matteo Munari, profesor del Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén.


“El amor no es amado”. Este fue el tema de la reflexión.

P. MATTEO MUNARI, ofm
Profesor Studium Biblicum Franciscanum Jerusalén
“Jesús lloró aquí, en esta última peregrinación que hizo hacia Jerusalén, precisamente porque previó y profetizó la destrucción de la ciudad. Y todo esto, ¿por qué? Porque Jerusalén no reconoció, en el tiempo en el que fue visitada, esa paz que Dios había traída a través de su hijo Jesús.

El P. Munari recordó también a San Francisco y su declaración de amor a Jesús.

P. MATTEO MUNARI, ofm
Profesor Studium Biblicum Franciscanum Jerusalén
“Francisco, al encontrar este amor inmenso del Señor y escuchando la voz del crucifijo en la pequeña iglesia de San Damián, descubrió lo grande que es el amor de Dios hacia la humanidad y lo grande también que es el rechazo que la humanidad continúa dirigiendo de tantas maneras a Dios. Por ello se dio cuenta de que el Amor no es amado, que una vez más el Amor es traicionado, es rechazado, y por este motivo San Francisco comenzó a meditar en su corazón la pasión de su Señor Jesús.

P. MATTEO MUNARI, ofm
Profesor Studium Biblicum Franciscanum Jerusalén
“Esta meditación de la pasión de Jesús lo llevó a desear vivir en profundidad cada página del Evangelio y llevó a los frailes de hace 800 años un Capítulo que tuvo lugar en Santa María de los Ángeles, en la Porciúncula, a decidir venir aquí a Oriente Medio y a Tierra Santa, en cuanto fuera posible, para poder venir una vez más a contemplar y ver lo grande que es el amor de Dios por nosotros, en estos lugares.”